Islas del Mar Jónico

Las islas del Mar Jónico, el Heptaneso, son un grupo de siete islas, que se extienden a lo largo de las costas del Epiro, Grecia Central y el Peloponeso, a excepción de la isla de Citera, que se halla al sur del Peloponeso y depende administrativamente de la provincia del Pireo. El Heptaneso comprende a Corfú, Cefalonia, Zákinthos (Zante), Lefkada, Itaca, Paxos y Citera. Alrededor de estas grandes islas hay otras muchas más pequeñas, como Othonoi, Mathraki y Erikousa, ambas al noroeste de Corfú, las Estrófades al sur de Zákinthos, Antipaxos al sur de Paxos, las Ehinades y Atoko cerca de Itaca, Kálamos, Meganisi y Arkoudi al sudeste de Lefkada y Anticítera al sudeste de Citera.

La historia del Heptaneso está indisolublemente ligada a su situación geográfica, ya que estas islas han funcionado siempre como puente de Grecia para su contacto con Occidente. Por esta razón conocieron a numerosos conquistadores y fueron al mismo tiempo portadores de las nuevas ideas que llegaban del extranjero, tanto en la Antigua Grecia como en la época contemporánea. En la Antigüedad no eran un conjunto político unitario, sino que cada isla tenía su propia administración y forma de gobierno, era autónoma y colaboraba con diversas ciudades-estado griegas de acuerdo con sus intereses políticos.
En época bizantina la isla jónicas se convirtieron en parte del Imperio bizantino, pero les fueron arrebatadas en numerosas ocasiones y fueron ocupadas por invasores extranjeros, sobre todo francos. A partir de 1204 fueron repartidas entre venecianos ricos, que mantuvieron su dominio con la ayuda de poderosos ejércitos. La única excepción fue Corfú, que quedó incluida en el Despotado del Epiro. Cuando los bizantinos recuperaron Constantinopla en 1261,el Heptaneso no fue liberado. En los años siguientes, cada isla por separado fue administrada en ocasiones por gobernantes francos, como Carlos d’ Anjou que ocupó Corfú en 1267.
En el siglo XIV fueron sometidas una tras otra al poder de los venecianos. Fue entonces cuando se creó por primera vez su unión administrativa. El dominio veneciano comenzó en 1386, cuando se ocupó Corfú, continuó con Zákinthos y Cefalonia (1500) y se vio completado con Lefkada (1664). El Heptaneso fue asimilado al estado veneciano como colonia con sede en Corfú. El sistema de gobierno que se le impuso era aristrocrático. Era administrado por un Gobernador General, que era almirante de la flota del Mar Jónico, en tanto en cada isla eran responsables Gobernadores locales, que dependían de enviados especiales del gobierno, Los venecianos permanecieron en el Heptaneso hasta 1797, cuando la flota francesa ocupó Corfú y a continuación el resto de las islas.
Entre 1798 y 1799 las islas jónicas fueron ocupadas por los rusos, comenzando por Citera y terminando con Corfú, que se entregó tras una fuerte resistencia al asedio conjunto de rusos y turcos. En 1800 los rusos las cedieron a los turcos, creando el Estado Jónico, bajo el dominio del Sultán. En cada isla se creó un consejo de administración especial constituido por aristócratas. En la época de los turcos el pueblo estaba privado de todo derecho político, lo que condujo a una rebelión contra los nobles.En Zákinthos,Cefalonia y Citera reinaba un clima de anarquía y en consecuencia se propuso una reforma del sistema de gobierno, que no obstante no fue aprobada por el Sultán. Sólo en 1803 se redactó finalmente una nueva Constitución, que derogaba la aritocracia hereditaria y reconocía oficialmente, por vez primera, la nacionalidad y lengua griega de los habitantes de la entonces llamada “República del Heptaneso”
En 1807 el Heptaneso pasó a manos de los franceses, que organizaron la administración de sus posesiones, llevaron a cabo obras públicas e impulsaron la educación. Algo después llegó el turno de los ingleses, cuyo dominio se impuso en 1809 en Zákinthos y fue consolidado en 1814 con la ocupación de Corfú, después de un largo y agotador aislamiento. El Congreso de Viena, que tuvo lugar entonces, decidió que las islas jónicas serían libres e independientes, pero estarían bajo protección inglesa. Primer comisionado de los “Estados Unidos de las Islas Jónicas” fue nombrado el general Th. Maidland, a quien sucedió en 1824 Fr. Adam. A Fr. Adam se deben numerosas obras públicas y diversas medidas que elevaron el nivel de la educación. Durante la ocupación Inglesa se dio una reacción considerable por parte de los habitantes de las islas, y sangrientas revueltas que reclamaban la liberación. En 1863 Inglaterra, por medio de un tratado firmado en Londres, reconoció la unión del Heptaneso con Grecia, a quien fue definitivamente cedido en mayo de 1864.
A partir de su unión con Grecia las islas jónicas comenzaron a desarrollarse gradualmente, basándose especialmente en la agricultura, gracias a su fértil suelo. Su economía mantiene hasta hoy este tradicional carácter agrícola, dado que la mayor parte de su suelo está ocupado por cultivos, siendo los productos principales el olivo y el aceite, la vid, el vino y los cítricos. A un nivel satisfactorio se mantienen también la ganadería y la pesca. Sin embargo el mayor crecimiento económico de las islas se ha dado en el sector turístico. Con punto de partida Corfú -hace ya varias décadas-, todas las islas, pequeñas y grandes, presentan en los últimos años un flujo turístico particularmente elevado, atrayendo a visitantes de todo el mundo.
El Heptaneso difiere enormemente de las islas griegas características, con su habitual suelo seco y estéril. Es, en su mayor parte, fértil, provocando una impresión de florecimiento y vida. Sus habitantes se caracterizan por su carácter pletórico y son especialmente sociables y amantes de las diversiones. Estos elementos, junto a sus hermosos paisajes, con sus playas tan azules, sus costas llenas de calas, su exuberante vegetación, la variedad de su arquitectura popular y sus numerosos monumentos, testimonio de su rico pasado histórico, lo convierten en foco de atracción de visitantes griegos y extranjeros durante todo el año. A esto contribuye, aparte de lo dicho, la escasa distancia que lo separa del resto del país. A Lefkada, precisamente, se puede ya viajar por carretera a través de un puente construido recientemente y que une la isla con la Grecia continental. En cualquier caso, todo el Heptaneso dispone de buenas comunicaciones, y se puede viajar a sus islas en barco o avión.
Cada isla tiene su particular fisonomía, ofreciendo lugares de interés únicos. La cosmopolita Corfú, con sus estrechas callejuelas y sus edificios de varios pisos, que traen a la mente las ciudades de Italia; la frondosa Cefa-ioniacon sus altas montañas, Lefkada, cubierta también de verde y llena de idílicos rincones; Zákinthos, a quien los venecianos llamaban la “Flor de Levante”; la estéril Itaca, isla-símbolo de metas e ideales; la desierta Paxos con sus cuevas, sus viñedos y sus olivares; y Citera, la isla de Afrodita, con sus escarpadas costas… todas ellas son realmente una joya no sólo de Grecia, sino del Mediterráneo entero.
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